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Úbeda

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Y COSAS ASÍ

Juan Pasquau Guerrero

en SAFA. Nº 14. Febrero y marzo de 1962


        

La Aritmética resulta, a veces, antipática por el sesgo positivista de sus problemas. En todos los problemas aritméticos y geométricos sale el dinero a relucir. “¿Cuánto cuestan veinte kilogramos de habas a seis pesetas el kilogramo? O, ¿cuánto suman los dos quintos más los seis novenos de ochenta mil pesetas?” O “Un padre al morir dejó una herencia de tres millones a repartir entre...”, etc., etc. No hay manera de emancipar a la Aritmética del mercantilismo.

Por eso, desde antiguo, a los padres interesa enormemente que sus hijos aprendan cuentas. Cuando un chiquillo aprende a dividir, ha aprendido, por lo visto, todo lo que hay que saber en este mundo. El que sabe dividir ya está capacitado para poner una tienda. ¿Qué mas?

Así es que se enseña Aritmética “a destajo” en algunas ocasiones. La vida, por lo visto, se ha puesto de una manera que sin cuentas y sin problemas del precio de las habas..., no hay “hombre de provecho” que valga.

¡Pobre Aritmética puesta al servicio de tenderos y comisionistas! Tiene derecho a quejarse. Porque ella tiene un horizonte mucho más amplio... No es sino una rama frondosa de las Matemáticas y, en realidad, las Matemáticas son Ciencia pura; es decir, ciencia aséptica e incontaminada. ¡Si viviera Pitágoras! Porque Pitágoras –el inventor de los números- veía ritmos donde los demás sólo vemos pesetas. Hablaba de la “música de las esferas”. Era un filósofo. La numeración representaba para él una ordenación sistemática del cosmos. Y su teorema, su famoso teorema geométrico, fue concebido casi como una obra de... arte.

En fin, que estaría bien que el Maestro, al enseñar Aritmética, educara con ella. Educar con la Aritmética como modelo, sería inculcar a los muchachos el hábito de la exactitud, de la armonía, de la claridad, de la precisión. Porque la Aritmética, al par que práctica es bella. Bien está que los chiquillos resuelvan los problemas acerca de los depósitos, de los toneles y de las herencias... Pero, ¿y si después de resolverlos no nos detenemos ahí y hacemos reflexionar al chiquillo un momento sobre la tersa limpidez de una operación, o sobre la transparencia diamantina de un planteamiento? Inculcar a los niños una afición a la ciencia por la ciencia misma, por el rigor lógico que entraña. He aquí algo que apenas se ha intentado, todavía, en Pedagogía.