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UN GRANO DE POESÍA

Juan Pasquau Guerrero

en SAFA. Nº 26. Marzo y abril de 1964


        

(Para el Consejo de Redacción de TANTEOS)

Horacio –me parece que era Horacio- quería que las cosas todas se condimentasen con un grano de cordura. Luego –lo sabéis- hablaba de la “aurea mediocritas”. Horacio quería la equidistancia. No ignoraba, probablemente, que el hombre tiende a irse a los extremos y que la “locura”, en las naturalezas fuertes, se da siempre por añadidura. Así es que, contra la “loca de la casa”, frente a la imaginación desbocada, el poeta latino predicaba la moderación.

Se oye mucho ahora lo de que en nuestro tiempo priva y prima la ambición en todos los órdenes y que faltan la moderación y la cordura. Según y conforme. ¡Según para qué! Porque hay aspectos vitales que, hoy, se conforman a las coordenadas del más puro racionalismo.

Vamos al mundo de los jóvenes. ¿Son los de ahora más insensatos o más sensatos que los de otros tiempos?

A la pregunta hay que responder que, en general, los jóvenes de hoy tienen unos objetivos más limitados –menos ambiciosos- que los de otras épocas, pero que para conseguir esos objetivos, no regatean medios. Es decir, los jóvenes de hoy son calculadores y solucionan sus problemas casi por procedimientos matemáticos.

Pero no son... horacianos. Es decir, su cordura no es la que pedía el poeta porque no son poetas. (Habla uno en general. No va por vosotros, queridos amigos de TANTEOS).

¿Nos explicaremos? Vamos a verlo.

Ahora –por ejemplo- se estudia más, pero existen menos ideales. De tal manera que la “aurea mediocritas” que domina no es la que pedía Horacio. Éste se refería a la vida tranquila, sin complicaciones, sin afán de placeres y riquezas. Justo es reconocer que, en este sentido, el hombre actual –el joven actual- no es nada “mediocre”. Porque la medianía presente es, justamente, la que no quería Horacio. Es decir, hoy nos encanta ser ricos, tener coche y hasta llevar una vida ostentosa, pero achicamos la vida interior, el recinto del espíritu. Y, a lo mejor somos inteligentísimos y nos falta la poesía.

Pues a eso íbamos. Es necesario un grano de cordura que mitigue el sabor fuerte de nuestros impulsos materiales. Pero, al par, un grano de poesía que estimule un tanto la locura del espíritu, tan inhibida, tan castigada, tan... amedrentada.

Es claro. Ahora se desprecia “en los círculos bien informados” la poesía porque carece de “porvenir”. Se llama “chalados” a los jóvenes que creen en ella. Por eso decía yo que ¡según y conforme! Ya que si hoy hay más ambiciones que nunca en lo que a pretender la Luna se refiere –y cuando digo la Luna, puedo añadir luna de miel en Mallorca y con “Cadillac”-, en cambio, las ambiciones espirituales, las locuras puramente románticas, son escasísimas.

¡Ah, pues por eso hay que felicitaros, jóvenes que hacéis TANTEOS! Porque aspiráis a condimentar la vida con esa “especia” que jamás debe faltar en la juventud: la poesía. Theilhard de Chardin, escribía: “El espacio es una túnica inconsútil que cubre las zonas superiores de las cosas”. Vosotros, audazmente rasgáis esa túnica. ¡Enhorabuena!